España, fuera de la Eurocopa

Cristina del Campo.- Directora de REDIT

Acabamos de conocer los nuevos Presupuestos Generales del Estado y, pese a la recomendación de la Comisión Europea de que los recortes para controlar el déficit público no afectaran a la inversión en I+D+i, nuestra realidad no ha ido en esa dirección. El presupuesto dedicado a Ciencia y Tecnología ha disminuido un 34%. Además, el Gobierno destinará poco más de 2.600 millones de euros a subvenciones para proyectos de I+D+i, con lo que volvemos de un plumazo a niveles de hace ocho años.

En el ranking europeo de economías orientadas a la innovación, España ocupa el lugar 18 sobre un total de 27, según el Innovation Union Scoreboard de 2011. Y peor aún, respecto a 2010, nos estancamos con tendencia a empeorar. Dicho de otro modo, si la innovación fuera una Eurocopa, no nos habríamos clasificado para la ansiada fase final, a la que tan sólo llegan los 16 mejores equipos. Sin duda, la sensación de fracaso nacional en este otro ámbito ocuparía portadas y abriría telediarios durante varios días, pero claro, el fútbol sí es una cuestión de Estado.

El gasto en I+D+i por persona en España es el más bajo de los cinco grandes países de la Unión. En relación al PIB, ocupamos nuevamente la zona media-baja de la tabla, con un gasto total en 2010 del 1,39%, lejos de Alemania (2,82%), Francia (2,26%) o Reino Unido (1,86%) y muy a la zaga de Finlandia, que lidera la clasificación con un 3,87%.

Si seguimos haciendo zoom y nos focalizamos sobre la Comunidad Valenciana, no estamos precisamente a la cabeza del sistema español. Nuestro gasto interno en I+D+i no alcanza la media, colocándonos, con un 1,06% del PIB regional, por detrás de Madrid, Navarra, País Vasco, Cataluña, Andalucía, Cantabria, Aragón y La Rioja. No nos clasificaríamos ni para la Champions ni para la UEFA.

Si seguimos disminuyendo la inversión –tanto pública como privada- en I+D+i y enterrando el Sistema de Ciencia, Tecnología y Empresa, dejaremos a nuestros hijos la triste herencia de una industria poco competitiva –y por ende condenada a la extinción- y de un país con una altísima tasa de paro estructural, con un mercado de trabajo débil en la generación de empleo de calidad y especialmente vulnerable a todo tipo de contingencias económicas y políticas.

La sostenibilidad y el futuro de nuestro sistema de bienestar dependen de la capacidad del país para generar riqueza y empleo y debemos convencernos del papel fundamental que en ello juega la innovación. Por eso es más necesario que nunca que todos los agentes económicos y sociales actuemos como un altavoz para sensibilizar tanto al sector privado como a la administración sobre la importancia de redoblar esfuerzos en el apoyo a la I+D+i.

Conviven en Europa visiones y realidades muy distintas. Unos días antes de conocerse las nuevas cuentas españolas, el Ministro de Hacienda de Gran Bretaña, George Osborne, defendía en su Parlamento unos presupuestos con el objetivo de, textualmente, “convertir a Reino Unido en el centro tecnológico de Europa”. ¿Quién ganará esta Eurocopa? Hagan sus apuestas.